Seguir el trazo
Un libro sobre la espera y el fracaso.
1. LA PRESENTACIÓN
Lo primero, quería compartir el cartel del evento de mi libro. Madrid, 8 de febrero a las 18:00 en Casabanchel. He organizado un coloquio junto a Elena Gallén y después haremos una lectura conjunta de poemas y otros textos del libro. Todo ello estará acompañado por música ambiental curada por Mario Glossy. Habrá vino y cervezas para les bebedores y kombucha e infusiones para las abstemias como yo.
Entrada libre hasta completar aforo. ¡Os espero!
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2. SEGUIR EL TRAZO
Como cuento en una serie de vídeos que subí a mi Instagram, el título del libro se debe al zuihitsu, un tipo de ensayo japonés que avanza sin una forma clara. Hitsu significa “pincel”; zui significa “seguir” o “perseguir”. Por lo tanto, literalmente es “seguir el pincel”. Dice Donald Richie en Un tratado de estética japonesa, que a muchos escritores japoneses les gusta el temblor de la indecisión en la estructura de su obra. Yo sin duda me vi embaucada por este tipo de escritura, que encuentra su primer ejemplo en El libro de la almohada, de Sei Shōnagon. Cuando descubrí el término supe al instante que sería la columna vertebral de aquel engendro que empezaba a cobrar algún sentido. Antes de Seguir el trazo, se tituló Bregar, lo cual es gracioso porque ahora mismo no solo estoy publicando este libro sino comenzando a compartir unos primeros objetos de una marca que quiero lanzar pronto y se llama ‘‘bregar_studio’’. A veces un nombre parece un juego de azar, me gustaría, algún día, hacer un libro sobre los nombres que ponemos a las cosas antes de que sean algo; también me gustaría hacer un libro de contraseñas. Es en las palabras menores donde encapsulamos todo lo que amamos del mundo.
3. LA ESPERA Y EL FRACASO
Si el acto de escribir es obsesivo, autoeditarse es compulsivo por naturaleza. Comencé a imaginar Seguir el trazo en 2020, pero no fue hasta finales de 2021, gracias a una beca en la residencia de artistas Manoir de la Moissie, en Francia, que pude darme el tiempo para organizar mis notas desparramadas. Han sido seis años de abrir el archivo de vez en cuando e intentar no sobarlo demasiado. Han sido años de enviar correos a editoriales pequeñas e independientes, esperando que alguien me diera luz verde profesional. Han sido años de desesperación, en los que también envié solicitudes de becas de producción para exposiciones de escultura y pintura, sin recibir respuesta y aun así seguir trabajando. Han sido años de dar clase, de ahorrar para comprar mi propio tiempo y mis días de biblioteca; años de irme a dormir muy tarde, de comer a veces muy bien y, otras, macarrones con tomate; de sentirme entusiasmada y, al instante, completamente apática.
También han sido años de encontrar buenxs amiguxs que me han animado, querido y admirado, que me han llenado de luz con su confianza, que me han regalado los libros que sabían que quería leer, que han preferido cocinar en casa en vez de salir por ahí. Algo curioso es que en 2023 envié Seguir el trazo a una editorial que adoro y no se pudo publicar porque el formato no encajaba con su línea, pero ese intento desembocó en que, pronto, esa misma editorial, publicará mi primera novela. Quizás, si no hubiera sido rechazada durante años, habría publicado Seguir el trazo mucho antes, pero nadie me habría preguntado, ¿qué más tienes por ahí? y, por tanto, yo no habría escrito la nueva novela. Quizás habría escrito otra, pero no esta, y sin lugar a dudas, no en este momento. Creo que nunca es un buen momento para tener unx hijx o escribir una novela. Quizás son cosas que hay que hacer sin muchas expectativas. Sea como sea, me hace feliz este misterio del mundo, en que nada sucede en un orden determinado; sin duda deberíamos leer esto como algo hermoso y no como algo terrible.
Si digo que este libro habla sobre la espera y el fracaso es porque no solo habla de ello en muchas de sus páginas, donde busco el amor en islas y hablo de ir a Japón a buscar a una pintora que me obsesiona, donde doy espacio a entender, a colocar la vida y transitarla, y asimilar en el cuerpo mis fracasos; si digo que este libro habla sobre la espera y el fracaso es porque eso es, en esencia, la vida, aunque nos digan que lo suyo es mejorar siempre, ir ganando poco a poco, ir a mejor. No, la vida es un espacio que se dilata, en el que hay que acostumbrarse a un gran porcentaje de fracaso. Esta niña está abocada al fracaso, la frase es un fragmento de una nota que envió mi tutora del instituto a mi madre. Abocada me sonaba a abogado, y eso me hacía pensar en Robert de Niro en El cabo del miedo. Yo no sabía qué significaba esa palabra, pero lo aprendí ese día. Al margen de criticar que semejante crueldad pueda decirse a una alumna en vez de hablar con ella de lo que consideras problemático, fue la primera vez en mi vida que realmente pensé: ¡Ay dios mío, qué va a ser de mí! Yo no era una mala alumna, yo aprobaba siempre y la gran mayoría de veces con buenas notas, sobre todo en historia, lengua y plástica; sin embargo, no me gustaba estudiar y siempre lo hacía el día de antes, de madrugada. Llevo toda mi vida haciendo todo a las cuatro de la madrugada. Por aquel entonces, solo encontraba placer en tomar apuntes, y sin duda esto era así por el despliegue de medios en cuestión de papelería. Pensándolo desde el ayer, podríamos decir que me iba por las ramas; pensándolo desde el presente, yo solo encontraba placer en el proceso, y estudiar me parecía un extraño resultado que daba un fruto sabor aprobado. Yo no era constante porque no me interesaba en absoluto ser reconocida como ‘buena estudiante’, sin embargo, escribía todos los días poemas y pensamientos en una cuenta de Blogspot que leían mis amigos metaleros y mi padre. Sin duda, aquella nota cruel me inspiró, porque después de ella me pasé el trimestre haciendo pellas con Marina, mi amiga rebelde. Ella montaba en skate y fumaba porros con los chicos mayores, tenía el pelo castaño con mechas doradas de hacer surf, los ojos verdes y sonrisa con diastema. Marina tocaba el violín porque su abuelo le regalaba las clases, y yo aprendía cerámica con su madre en un taller del centro de Vitoria. En aquellas mañanas de rebeldía había un chico al que llamaban ‘‘Unihuevo’’ porque supuestamente solo tenía un testículo. Era un chico muy majo que nos cuidaba como si fuéramos sus hermanas, y se pasaba la tarde riéndose como Eric de South Park; de él, los profesores, decían que era un fracasado, pero yo siempre pensaba que era el chico más majo del mundo. Yo tenía que fumarme algo, portarme mal, gritar a mi familia, pero no hacía nada, solo estaba ahí, intentando fracasar como supuestamente hacían ellos, pero ni siquiera eso me me salía bien. Fracasaba en fracasar. Eso sí, suspendí cuatro asignaturas y las recuperé en septiembre. Mi madre no entendía qué había pasado y yo lo he entendido escribiendo todo esto. Creo que aquel momento me enseñó que incluso para fracasar, hay que poner empeño.
Durante estos últimos años escribiendo Seguir el trazo y mi futura primera novela, he pensado mucho en si por fin había fracasado estrepitosamente. Pero, ¿qué significa fracasar?, ¿no tener ahorros, no ya para la entrada de una casa, sino para no vivir al día? Como artista plástica, en mi taller convive la arcilla, que es polvo, con las resinas y siliconas, que catalizan y necesitan de una pulcritud extrema, con la zona de escritura/lectura, la cocina y la cama donde duermo. ¿Es un fracaso no poder elegir solo una disciplina y vivir de ella?. Quizás el único fracaso sería no hacer lo que quieres hacer.
4. AUTORA
Me pregunto a menudo por esa corriente que hace posibles las cosas, esa decisión a ciegas que conlleva el acto de crear; más allá del ego, más allá de la comunidad. Más bien aquí: en el pecho. Esa decisión extraña de elegir expandirte en vez de coartarte. Yo he sufrido desgracias, como todxs, pero también grandes fortunas, una de ellas es que mis adres nunca me han dicho quién debería ser o qué debería hacer. Tiene su parte oscura, pero me quedo con la luminosa: hago lo que puedo y el mundo me deja, casi siempre. No siento el peso de las expectativas. Qué soy, quién soy, quién puedo ser, cómo me presento en una cena… siempre respuestas inconclusas, donde quizás alguien quiera intuir que me hago pequeña o no me valoro, pero creo que más bien quiero estar tranquila mientras lo descubro. La palabra “creadorx” nunca me ha gustado, creo que nos lleva a querer ser una patética emulación de Dios. La palabra “artista”, tampoco. La palabra “escritorx”, en vista de la sociedad, parece un derecho de quien es publicadx y editadx por otrxs, aunque lxs que escribimos pensemos que escritxr es quien escribe. Creadora, artista, escritora… las uso todas como atajo porque son rápidas y sencillas; las cambio según con quién este hablando y según cómo pregunten. Cuando estudiaba en Bilbao y venía en blablacar a Madrid, a veces decía que estudiaba Bellas Artes y otras, que ingeniería aerodinámica; era realmente fascinante ver lo distinto que me trataban. Me pregunto por qué damos tanta pena los estudiantes de Bellas Artes, por qué no dan pena lxs ingenierxs o arquitectxs, que también lo pasan regular para encontrar trabajo.
Cuando en 2020 escribí el Manifiesto de lo menor, me acostumbré a usar “autor”, que en latín significa “el que aumenta”. La semilla es el verbo augēre, que quiere decir “aumentar”, “hacer crecer”, “impulsar”. Aunque no considero que ninguna paz pueda establecerse después de arrasar un territorio ajeno, me quedo con la analogía de aumentar el territorio, como una metáfora del acto de tomar las cosas del mundo, atraerlas para sí y hacer con todo ello otra cosa. Sin duda, el dios monoteísta ‘‘creador’’ tampoco es de mi agrado, ¿quién tendría la osadía de hacerse llamar inventor de algo? Es mucho más natural saberse dios demiurgo griego, esx que toca la materia prima del mundo y simplemente la ordena. Esx que espera, que no tiene prisa.
En un futuro post hablaré sobre la pieza audiovisual que pone fin a este libro y podrá verse (si has comprado el libro) en primavera de este año.
Ariadna Chez











Mujer lee este post en mitad de la noche y grita: “TE QUIERO!!”.
Deseando que me llegue para poder disfrutarlo 💜💜